Es el turno de los compositores, cuya labor es de incalculable valor, toda vez que son los encargados de acompañar las imágenes que se suceden en pantalla. Una banda sonora mediocre puede deslucir el resultado final, aunque el resto de apartados rayen a un buen nivel, mientras que unas composiciones de enjundia pueden dotar a un juego que no destaque en demasía en los demás aspectos, de una gran fuerza visual, epicidad, tristeza, alegría o melancolía.
Cuanto menores son los medios más se suele agudizar el ingenio. No en vano, algunas de las mejores bandas sonoras de videojuegos las encontramos en títulos de hace más de una década, cuando los recursos audiovisuales eran escasos.
Sin más dilación, nos adentramos en el apasionante mundo de la composición musical en los videojuegos.